Desde sus inicios hasta el año 1991 esta cofradía procesionaba el Viernes Santo en la procesión del del Santo Entierro con la imagen de Jesús Corado de espinas. Desde el año 1992, sobre unas andas portadas por 24 hermanos cofrades costaleros, se incorpora la imagen titular a la Procesión del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo. Años atrás procesionaba en una carroza sobre ruedas y durante algunos años, en el mismo paso, procesiono una pequeña imagen de la Soledad. En el año 2007 somos cerca de 250 hermanos/as cofrades.
La imagen de la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Lagrimas, fue adquirida en Imaginerías Alsina de Madrid, en al año 1999, por suscripción popular. Procesiona en una carroza sobre ruedas tirada por dos hermanos cofrades y bajo palio y venerado en la misma ermita.
Desfiles procesionales en los que participa esta cofradía:
EL SANTO CRISTO DEL HUMILLADERO DE PEÑARANDA DE BRACAMONTE: UNA IMAGEN EN CAÑA DE MAÍZ
FRANCISCO JAVIER CASASECA GARCÍA
La imagen del Cristo del Humilladero recibe culto en su ermita del barrio de Chamberí, atendido por su propia cofradía, que lo saca en procesión con gran devoción durante la Semana Santa y también el día de su fiesta el 6 de agosto, la Transfiguración del Señor.
Una historia apasionante
Ni siquiera la leyenda da una versión de la procedencia de esta imagen del Santo Cristo del Humilladero, tan solo narra cómo llegó hasta donde hoy se alza su ermita. Eso sí, su llegada está rodeada de un halo mágico, pues los bueyes que lo portaban en una carrera, con destino a uno de los pueblos de la comarca, se quedaron clavados en dicho lugar y no logaron que arrancasen de nuevo, permaneciendo para siempre la imagen en Peñaranda.
La historia reciente de la cofradía del Santo Cristo del Humilladero, se remonta al año 1955 cuando fue creada por el sacerdote Don Agustín Martínez Soler, el cabildo del Santo Cristo y los vecinos del barrio Chamberí, donde esta ubicada su ermita. Aquel primer año desfilaron doce hermanos cofrades de fila y tres hermanos mayores procedentes del cabildo, que procesionaron con hábito rojo, capa, guantes, zapatillas y capuchón negros, portando un farol de vela (desde el año 2004, procesionan con la medalla de la cofradía).
Desde sus inicios hasta el año 1991 esta cofradía procesionaba el Viernes Santo en la procesión del del Santo Entierro con la imagen de Jesús Coronado de espinas. Desde el año 1992, sobre unas andas portadas por 24 hermanos cofrades costaleros, se incorpora la imagen titular a la Procesión del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo. Años atrás procesionaba en una carroza sobre ruedas y durante algunos años, en el mismo paso, procesionó una pequeña imagen de la Soledad.
Tras recientes estudios de la imagen, su aspecto externo indica que se trata de un crucificado de caña de maíz y pasta de papel, realizado por un artista anónimo, según la tradición de los indios tarascos de la región mexicana de Michoacán, a finales del siglo XVI o principios del XVII. Pudo haber llegado a España por encargo, como donación, o comprada tras su llegada, métodos habituales en estas imágenes. Los pueblos indígenas tenían como costumbre llevar consigo a las batallas las imágenes de sus dioses como mecanismo para intimidar a sus enemigos, algo semejante a los estandartes portados en las guerras en Europa.
A estas imágenes se les suponían propiedades milagrosas, y cuando su ejército era derrotado, los combatientes tenían que retirarse apresuradamente dejándolas en el campo de batalla, siendo objeto de profanación por parte de los vencedores. Por ello comenzaron a hacerlas en materiales livianos como la caña de maíz, para no dejarlas abandonadas y llevárselas en la retirada. Esta técnica la asumieron los evangelizadores españoles a su llegada en el siglo XVI, para crear imágenes de la nueva religión con las técnicas y materiales tradicionales del antiguo culto, entre otras razones por el reducido peso que confería a las imágenes que les permitía procesionarlas con escasos recursos.
Esta técnica está bien estudiada, y tiene diversas variantes dependiendo de cada escultor o taller. Partiendo de un armazón en madera ligera o caña de maíz, se construían las imágenes por medio de moldes, empleando materiales autóctonos: caña de maíz, maguey, madera de colorín o zompantle, de oate y de pino; papel español, de maguey y de amate, reaprovechando incluso manuscritos y códices; tejidos de refuerzo y telas encoladas de lino, algodón, cáñamo y seda; cuerdas, cuero, pieles y cañones de plumas de ave. Hubo una abundante producción de imágenes con esta técnica, de temática cristológica, mariana y hagiográfica. La mayoría se conservan en Hispanoamérica, aunque en España contamos hay una importante representación de imágenes, traídas como regalos, ofrendas o como mercancía artística, por quienes habían viajado o vivido en las Indias. Su cronología varía desde la mitad del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII.
La imagen del Cristo del Humilladero representa a Cristo muerto en la cruz, está completamente hueca y es extremadamente liviana, entre 7 y 10 kg de peso. Tiene un tamaño ligeramente mayor que el natural: 190 cm de alto, 192 cm de ancho y 44 cm de profundidad, sin tener en cuenta la cruz. Debido a la antigüedad que se le presupone (siglo XVII), seguramente haya sido intervenida a lo largo de su existencia, transformando su aspecto exterior, sobre todo en su policromía. La cabeza está inclinada hacia la izquierda, los ojos cerrados, la boca apenas entreabierta y practicada hacia el interior; posee facciones agradables, la frente despejada, nariz afilada y larga, expresión dulce y semblante sereno a pesar del momento representado. El cabello lo forma un fino acanalamiento en la superficie escultórica; cae sobre los hombros formando mechones y algún tirabuzón. Asoma entre el cabello su oreja izquierda. La corona de espinas es postiza, realizada en metal dorado. La barba bífida, está partida en dos bucles simétricos, enroscados y afilados.
La anatomía es correcta, no demasiado marcada, con un modelado blando que insinúa levemente las costillas, el torso y el abdomen; la musculatura apenas marcada, muy esquemática en los músculos de hombros, brazos y antebrazos. Así se deduce el procedimiento de elaboración de esta imagen mediante moldes con pocos detalles, tanto en la cabeza, cuerpo y parte de las extremidades, acusado por su falta de definición y sus volúmenes blandos y redondeados, dado por las características de los materiales empleados, la caña de maíz y el papel. Las manos y los pies son de buena factura, proporcionados y de correcta anatomía, con un grado de detalle por encima del resto de la anatomía. Haciéndolos sonar al tacto, se comprueba que son de madera maciza, y a simple vista se nota la unión de las manos a los antebrazos por encima de las muñecas, y los pies a la altura de los tobillos, en forma de fisura, así como por la diferente textura superficial. No se puede determinar la naturaleza de esta madera, pero habitualmente la empleada en estas imágenes era la de colorín o zompantle, muy liviana. La cruz es posterior y de época reciente, con una sección reducida, 15 x 7,5 cm, ya que el peso que debe soportar también es reducido. A pesar de ello, los anclajes de ambas manos están reforzados con pletinas metálicas. Los clavos en pies y manos son metálicos y de factura moderna.
El paño de pureza está realizado con papel, y tiene un drapeado rígido y acartonado, sin apenas pliegues, demasiado liso, debido a la falta de flexibilidad del material; sólo presenta algunos dobleces en la parte superior y en el intento de simular el nudo del perizonium, este situado a su izquierda y cayendo el extremo con forma de triángulo plano, como ocurre en otros cristos de caña de maíz. El perizonium está dorado al mixtión sin bruñir y estofado con un diseño a base de franjas verticales blancas, rojas y en oro, y un enfondado de ojetes, sin poder determinar a simple vista si es el original, a tenor del resto de la imagen. El extremo triangular que pende del nudo tiene el envés en oro. La parte trasera no está estofada. En las rodillas y en la espalda presenta heridas muy realistas, con la piel levantada mostrando la carne, realizadas con elementos postizos en cuero y papel. Se completan con una policromía muy cruenta. Tiene abultada herida en el costado izquierdo, que mana abundante sangre.